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Tal vez una primavera

Poetas En Busca de Editor-ediciones, Lima-2002, 104pp.

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Te llevaré hasta el altar


Te llevaré hasta el altar
del dios de nuestros abuelos
porque bendigan los cielos
nuestra manera de amar.
Tú eres mi exacto lugar,
mi mañana más hermosa,
eres fruta deliciosa,
caricia amable en la pena.
Regálame el bien, Ximena,
de ser mi luz y mi esposa.


Nunca pensé que esta historia
la escribiera para mí,
del solitario que fui
ya no queda ni memoria.
Tu palabra absolutoria
me llegó en un navegar
cruzando la pleamar
de mi tristeza encendida.
Porque salvaste mi vida
te llevaré hasta el altar.

Yo andaba por los caminos
errantes de mi locura,
mudo en la palabra oscura
de inútiles peregrinos.
Sancho retando molinos
con quijotescos anhelos,
me arrastraba por los suelos
con infinita arrogancia.
Me distanció la ignorancia
del dios de nuestros abuelos.

Cuando llegaste, de ausencia,
me decoraba mi padre
y enamorada, mi madre,
renunciaba a su existencia.
Sordo, cubierto en violencia,
entre fiebres y desvelos,
andaba en amargos vuelos
que el aire contaminaron,
mas tus palabras hablaron
porque bendigan los cielos.

Llega tu voz a mi boca,
tus labios hasta mi piel
y te eriges timonel
de esta nave ciega y loca.
Cuando tu nombre me toca
mi sed comienza a alumbrar.
En tu vocación de dar
me entregaste tu alma buena.
Nadie comprende, Ximena,
nuestra manera de amar.

Contigo todo es enero,
contigo acaba el espanto,
de tanto quererte tanto
te quiero tanto y me quiero.
Contigo soy mensajero
del vivir y del soñar,
me sorprendo de buscar
mis ilusiones perdidas.
Encuentro que en nuestras vidas
tú eres mi exacto lugar.

Eres la mano sincera
que se tiende sin reclamo,
respuesta cierta si llamo,
paciencia, calma y espera.
En tu imagen verdadera
toda mi ilusión reposa,
por ti germinó la rosa
de mi esperanza marchita.
Eres, muchacha bendita,
mi mañana más hermosa.

Eres franca, libre y bella
de tus formas a tu ser,
niña en cuerpo de mujer,
flor recubierta en estrella.
Mis pasos van por tu huella
y tú vas por cada cosa
como esencia milagrosa
de placeres y alimentos.
Para mis labios sedientos
eres fruta deliciosa.

Eres mi risa que ha vuelto
a reír a carcajadas,
eres mis cartas jugadas
y mi acertijo resuelto.
Eres el obsequio envuelto
en pétalos de azucena
que libera mi condena
y anuncia mis alegrías.
Eres en todos mis días
caricia amable en la pena.

¿Qué otras palabras diré
bajo este lugar sagrado
donde nos hemos jurado
lealtad, amor y fe?
Tú eres mi voz, mi porqué,
mi paz, mi estancia serena,
logras que esta vida ajena
me convenza de algún modo.
Si ya me lo has dado todo,
regálame el bien, Ximena.

Así proclamo ante todos
que soy feliz a tu lado,
que me entrego enamorado
a tus ritmos y a tus modos.
Eres alma sin recodos,
viento alado y mariposa,
dulce miel, agua sabrosa,
bendición y sacrilegio,
concédeme el privilegio
de ser mi luz y mi esposa.

LIMA, 11 DE OCTUBRE DEL 2002